
Mis ojos no daban crédito cuando alcancé a Gerardo Alonso camino de Rio Seco hundiéndose en la nieve hasta las rodillas. En seguida entendí el porqué: llevaba a la espalda ¡una botella de butano! y varias cajas de refrescos.
_ Gerardo, ¿te ayudo?
_ Claro niño...
La conversación acabó por mi parte cuando me pasó un par de cajas llenitas de latas que pesaban más que yo, a partir de ese momento bastante tenía con poder seguirle los pasos y contestarle con monosílabos. Eso si, a cambio no me cobró nada por pernoctar en el refugio y me agasajó con unas exquisitas natillas que preparó al calor de la estufa. Gerardo tenía el corazón aún más grande que su fortaleza y estatura.
Guarda y guía del refugio de Rio Seco en Sierra Nevada participó en multitud de rescates, también colaboraba como profesor en los cursos de Rescate Invernal organizados por los Bomberos de Granada.